Historias curiosas sobre Gregorio Camacho

Isabel y Gregorio Camacho

Este blog, que surge por el deseo de mantener viva la obra del pintor venezolano Gregorio Camacho, se enfoca en mostrar de manera impersonal a este artista enfocándose en sus creaciones artísticas y en las características de sus más relevantes cuadros al óleo. Con este artículo quisiera acercar más a los lectores al Camacho humano y amable que era mi papá.

Tenía por costumbre  pintar por las mañanas -que es cuando hay mejor luz- y dibujar los bocetos por las tardes. También eran frecuentes las visitas de marchands y clientes para comprar cuadros. En dichas ocaciones el infaltable cafecito ayudaba a la gente a decidirse cual de todas las obras expuestas en la sala de mi casa querían llevar a la sala de sus casas.

Una vez al año mi papá realizaba una exposición en alguna galería de la ciudad, las cuales sólo se encargan de prestar el espacio para la exhibición, por lo que nosotros debíamos seleccionar unas 30 obras para la exposición, montar cada cuadro en su respectivo marco, buscar una título adecuado para cada cuadro, hacer el catálogo de las obras, transportarlas a la galería, colocarlas en la sala y atender el público durante los días que dure la exposición.

Al investigar sobre mi papá para este blog descubrí que era fotógrafo, aunque él nunca dijo que lo era, pero siempre salía con su cámara a tomar fotos de la ciudad de Caracas y siempre buscaba nuevos lugares para fotografiar. Además era músico aficionado: le gustaba tocar mandolina, cuatro y cantar. Sabía mucho de historia de Venezuela pero lo cómico era que, al escribir, se le olvidaba la ortografía de algunas palabras.

Todos los que lo conocieron dicen que era una persona muy simpática, conversador, se sabía muchas anécdotas cómicas que le sucedieron a él o que escuchó en su Barquisimeto natal. Y es que prácticamente conocía a TODOS los barquisimetanos de su juventud, se podría decir que se sabía la genealogía de la ciudad. Cuando se encontraba alguien que decía que era barquisimetano él comenzaba preguntando “¿cómo firmas tú?”, porque así preguntan allá para saber cual es el apellido, y luego decía “¿tu no eres familia de fulanito que vivía en tal parte y era hermano de menganito?” y como efectivamente sí era las personas siempre terminaban asombradas. Además de eso donde quiera que llegaba se encontraba a alguien conocido no importa el lugar del mundo donde estuviera.

En la década de los 60 estuvo una temporada en Jamaica, dando clases de Español y recibiendo clases de Inglés, y se llevó su cuatro, por eso solía decir que fue “el mejor cuatrista de Jamaica” porque no había ningún cuatrista a parte de él.

Su número de suerte la suerte era el 33: nació en 1933, en la carrera 33 de Barquisimeto y en varias rifas ganó algo participando con el número 33. Incluso el cuadro de la foto  que ilustra este artículo tiene su historia con el número 33: ese cuadro participó en el Salón de Arte Metro de Caracas en 1988 y cuando editaron el libro con todas las obras participantes le tocó la página 33.

Él, que siempre tenía un dato histórico y curioso sobre algún maestro de la pintura y que me dio mi primera clase de música dibujando las figuras de las notas sobre un bastidor en blanco, ese fue el Camacho que yo conocí.

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Publicado por

Isabel Camacho

Violinista profesional - Promuevo la obra del pintor venezolano Gregorio Camacho - Asistente de producción en skynotestudio.com

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