Vicente Martucci y la Orquesta Sinfónica de Venezuela

En el blog Óleos y Música tenemos la creencia de que es necesario un espacio en internet para las muchas personas valiosas que han contribuido con el crecimiento de la cultura venezolana, por eso cuando encontré este artículo sobre Vicente Martucci escrito por Hugo Álvarez Pifano, decidí incluirlo ya que calza perfectamente con la temática del blog. A pesar de que Martucci no era venezolano, sino italiano, es uno de los personajes más importantes en la música sinfónica venezolana y su labor merece ser recordada.

Vicente Martucci

Vicente Martucci, un músico expulsado de nuestra historia.

“Vicente Martucci fue en la Venezuela de inicios del Siglo XX, el músico de más sólida formación y excelencia académicas, de admirables ejecuciones como director de orquesta y las llamadas “bandas marciales”, de exitosas dotes como “maestro concertador” a la hora de montar conciertos de música clásica; fue así mismo, un músico de prestancia, elegancia artística y mayor brillo social de toda una época. En pocas palabras, un Maestro con quién nuestro país tiene una inmensa deuda de gratitud, por lo que hizo a favor de la ejecución, divulgación y formación de un público para la música académica, en uno de los períodos más oscuros y primitivos de nuestra cultura, en la historia reciente de Venezuela. ¿Y qué decir, en breve, de su obra como compositor?

Sin embargo, Vicente Martucci encabeza la lista de nuestros músicos olvidados, echados a un lado, casi como en un propósito oculto y calculado de hacer desaparecer su existencia y su memoria. Un verdadero expulsado de nuestra historia. Pero, ¿Qué ha ocurrido realmente con el gran músico que fue Vicente Martucci? ¿Qué circunstancias dieron un vuelco a la trastienda de su vida?
Yo diría, que tres órdenes de factores han provocado este deliberado silencio:
1.- El planteamiento histórico de la fundación de la Orquesta Sinfónica Venezuela. El verdadero fundador de la OSV fue Vicente Martucci, pero los 22 discípulos de Sojo, en su afán de hacer un reconocimiento a su maestro, hicieron un montaje que llevó a glorificar a Sojo, como fundador de la OSV y hacer desaparecer a Martucci, en un afán de nacionalismo, mal entendido y prolijo en ingratitud hacia este músico.
2.- La visión de Martucci como impulsor del talento nacional, en contraposición a intereses personales, de orden mercantilista, que favorecían la contratación de músicos extranjeros para actuar en Venezuela; y,
3.- Las circunstancias misteriosas de su muerte ocurrida en un lujoso hotel de La Guaira, en compañía de una de sus amantes.

1.- Vicente Martucci y la fundación de la Orquesta Sinfónica Venezuela

A los inicios del Siglo XX, en ninguna ciudad de Venezuela se desarrollaban actividades musicales apreciables, más allá de esporádicas representaciones de óperas y zarzuelas, que han tenido tradicionalmente buena aceptación en todo el país y se llevaban a cabo mediante visitas de compañías extranjeras a la Capital y otros centros urbanos de la provincia. Estas compañías traían a sus propios cantantes, directores de orquesta y de coros, todos extranjeros. Más aún, los comprimarios y algunos instrumentistas, venían también del exterior. En cada ocasión, se hacía necesario improvisar una pequeña orquesta y la coral respectiva. No existía en todo el país una agrupación musical, que se aproximara a lo que llamaban en otras latitudes una orquesta filarmónica, en su significado primigenio, personas que se reúnen por el placer de tocar música y mucho menos, músicos organizados que pudieran ejecutar obras significativas del repertorio universal.

Hacia el año de 1921, ocurre un hecho trascendental para la historia de la música en Venezuela, vinculado a la Iglesia Católica, como solía ocurrir en tiempos de La Colonia, con los acontecimientos musicales que hacían historia: Monseñor Ricardo Bartoloni, sacerdote italiano, quien se desempeñaba como secretario de la Nunciatura Apostólica, esto es la embajada del Papa en Caracas, trató de organizar un concierto. Bartoloni había sido colaborador de Lorenzo Perosi (Tortona, 1872-Roma, 1956), el más importante compositor de música sagrada en el siglo XX italiano, director musical de la catedral de Venecia, director musical de la Capilla Sistina en el Vaticano y lo más importante, el músico que llevó a cabo la renovación de la música religiosa, al influir en la reglamentación que Pío X promulgó y se conoce como “moto proprio”. Pues bien, Bartoloni emprendió la tarea de montar en Caracas 4 obras de Lorenzo Perosi, a saber: el oratorio La Resurrección de Lázaro, la Misa Pontificia, la Misa Eucarística y la Misa de Réquiem. Obras de gran formato y estructura musical compleja, en especial la primera, que requería de un coro de unas cincuenta voces y una orquesta de sesenta ejecutantes. Algo que nunca se había realizado en Venezuela. Para cumplir está misión Bartoloni la encomendó a Vicente Martucci, quien contó con la colaboración de Monseñor Nicolás Navarro. Hemos conceptuado este montaje como un hecho trascendental por varias razones: reunir a tantos músicos y coristas en capacidad de tocar estas obras -como efectivamente lo hicieron con éxito- fue una verdadera hazaña. Esto puso en evidencia la necesidad de contar con una orquesta estable, en grado de hacer frente a los requerimientos artísticos y técnicos que demandaba la ejecución de grandes obras. Así mismo, esta fue la oportunidad para que Vicente Martucci, el músico más culto y capacitado que se encontraba en Venezuela, planteara la creación de una orquesta sinfónica con carácter permanente, una idea que estaba en el ambiente desde hacía mucho tiempo. Esta fue la verdadera génesis de la Orquesta Sinfónica de Venezuela.

Siempre, con el patrocinio de los prelados a que nos hemos referido en precedencia y con la ayuda de dos nuevos colaboradores -el violinista y compositor Manuel Leoncio Rodríguez y el violonchelista Andrés Añez- Vicente Martucci funda el 11 de febrero de 1922, la Orquesta de la Unión Filarmónica de Caracas. Esta orquesta después de 4 años de labor ininterrumpida, no pudo continuar con sus actividades: sus miembros la sostenían con su propio esfuerzo económico. En 1926, de común acuerdo, se apagó su voz.

A pesar de lo ocurrido, los músicos caraqueños de la época mantuvieron siempre vivo el deseo de ofrecer a la ciudad capital una orquesta sinfónica. No debe tampoco olvidarse que un grupo de músicos venezolanos comenzaban a componer obras de música de raíz nacional y necesitaban una orquesta sinfónica para la ejecución de las mismas. El 15 de enero de 1930, se reunió el mismo grupo de músicos que había constituido la “Unión Filarmónica”, y algunos más: Vicente Emilio Sojo, Ascanio Negreti y Simón Álvarez, en esta ocasión reorganizaron la misma orquesta, la cual se llamó “Sociedad Orquesta Sinfónica Venezuela”. Como presidente de esta institución, resultó designado Vicente Emilio Sojo, quien no aceptó el cargo. En estas circunstancias, fue elegido nuevamente Vicente Martucci. Esta decisión de Sojo resultó a la larga, la más adecuada a los intereses de un hombre astuto y calculador, él sabía que mientras la orquesta dependiera económicamente del sostén de sus afiliados, no tendría una larga vida. El 24 de junio de ese mismo año, día en que se celebraba el aniversario de la Batalla de Carabobo, tuvo lugar el primer concierto de la Orquesta Sinfónica Venezuela en el Teatro Nacional. El programa se dividió en dos partes, Martucci dirigió la primera, Sojo la segunda.

Sojo supo esperar y su tiempo no tardó en llegar, después de un año y medio de dificultades económicas de esa orquesta, llamada Orquesta Sinfónica Venezuela, Vicente Martucci se retira y Sojo asume la presidencia. En su gestión demuestra ser un trabajador infatigable, dotado de fuerza de carácter, tenacidad y capacidad para sacar adelante una orquesta sinfónica que no lograba apoyo del gobierno y mucho menos del sector privado de la economía de un país depauperado. En el año 1942, la Orquesta Sinfónica Venezuela después de varios años de tumbos y traspiés, gracias a las influencias políticas de Sojo logra una asignación económica, el gobierno conviene en pagar Bs. 6.000 por concierto, en una época en que tenían lugar de 3 a 8 conciertos por año. No era mucho, pero esto permitió profesionalizar la orquesta: Si antes los músicos pagaban para sostener la agrupación, ahora se les pagaba a ellos, por lo tanto deberían ser músicos de gran calidad y alto nivel profesional.

Sojo inicia un programa de despidos, sustituciones y vetos (el primero en ser vetado fue Vicente Martucci), que llega a su cenit en 1948, cuando la OSV recibe una asignación permanente, al ser incluida en los renglones del presupuesto del Ministerio de Educación, es este el momento en que los seguidores de Sojo- él ya no se encuentra más al frente de la orquesta, pero continúa teniendo una gran influencia- despiden al 40% de sus integrantes. Para renovar las plazas vacantes con “músicos idóneos”, viaja a Europa Pedro Antonio Ríos Reina y trae inicialmente unos 32 profesores italianos. Estas contrataciones nunca cesaron y se prolongaron en el tiempo, hasta el punto que a comienzos de la década de los 50, la OSV tenía un 80% de músicos extranjeros y la minoría nacional restante ocupaba plazas secundarias. Alcanzó entonces la OSV su “madurez” y podía de esta manera enfrentar partituras de gran exigencia y complejidad.

Pero, al concluir esta historia, una pregunta queda suspendida entre las sombras de la duda: cuando se dice que Vicente Emilio Sojo fue el fundador de la OSV, ¿se refieren a esa orquesta con el 80% de músicos extranjeros?, donde los venezolanos quedaron en su propia patria sin trabajo. O hacen referencia tal vez, a la vieja orquesta sinfónica genuinamente venezolana, que un 15 de enero de 1930 organizó Vicente Martucci al lado de Vicente Emilio Sojo, para echar las raíces de una cultura musical nacional.

2.- La visión de Martucci como impulsor del talento nacional.

Martucci fue, como ese otro músico prodigioso, Primo Casale, un hombre que quiso hacer música en Venezuela con talento venezolano, pero tropezó con un grupo de hombres con visión de negocios, que inclinaba sus intereses hacia contrataciones en el extranjero. Si nos remitimos a las estadísticas, esto tiene una proyección histórica de más de 50 años. En efecto, en la década de los años 50, en la Orquesta Sinfónica Venezuela el 80% de los músicos eran extranjeros, principalmente de Italia, un país donde existía amplia libertad para estudiar y para obtener una laurea después de cumplir los requisitos académicos (algo que no existía en las escuelas de música de Venezuela). Más adelante, cuando se fundó la Orquesta Filarmónica Nacional (Aldemaro Romero), la mayoría de sus integrantes fueron músicos de los Estados Unidos de América. Después, al nacer la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas (Guillermo Feo Calcaño), la mayor parte de los músicos fueron también extranjeros. Tuvo que pasar mucho tiempo, más allá de la era de Sojo, para que las orquestas sinfónicas nacionales se colmaran de músicos venezolanos, esta vez procedentes -en su gran mayoría- del interior de la República y de otras escuelas de Caracas, en especial de un magnífico instituto privado, con un nombre modesto: Colegio Emil Fridman: una prodigiosa fábrica de músicos instrumentistas, fundado por ese inolvidable maestro que construyó toda su obra en Venezuela, en torno a una filosofía de la libertad educativa y desarrollo del talento a través del esfuerzo propio. Nunca recurrió a la ayuda o sostén de ningún gobierno de turno, ni dispuso a manos llenas de los recursos del estado venezolano. Después, surgió el Sistema de Orquestas Sinfónicas Juveniles fundado por el trujillano José Antonio Abreu, que colmó todo el inició del siglo XXI con unos presupuestos multimillonarios y un despliegue de medios publicitarios jamás conocido en toda la historia de la música venezolana, con el único objetivo de ofrecer en el exterior, la imagen de un talento musical venezolano, que efectivamente existe, pero no en las falsas figuras que ellos promocionan.

3.- Muerte repentina de Vicente Martucci

En 1941, muere en forma repentina Vicente Martucci en un lujoso hotel de La Guaira. Una muerte inesperada y rodeada de circunstancias misteriosas, entre ellas la más notable, lo constituye el hecho de ser un hombre que murió en los brazos de una de sus amantes. ¿Una muerte feliz? No se sabe, tal vez peor es morir en un hospital público. Pero, lo cierto es que esto alteró su “status” social. En efecto, Vicente Martucci estaba casado con Antonia Cosentino de Martucci, una dama de elevada condición y muy apreciada en la sociedad caraqueña, su casa era frecuentada por el Obispo de Caracas y las más connotadas damas de esa época. Para el momento, todos los periódicos dieron noticia de la muerte de Martucci como el director de la Orquesta Sinfónica Venezuela (Sojo, no aparecía entonces, en la vida social de Caracas). Su muerte en estas circunstancias, provocó que la totalidad de los bienes del Maestro desaparecieran, en un viaje sin destino y con pasaje de regreso hacia el olvido. En especial -para el trabajo que nos ocupa- todas las partituras y obras musicales de su autoría fueron escamoteadas. Años más tarde, apareció en los archivos de la escuela de música José Ángel Lamas una sola pieza: El año jubilar, marcha triunfal para piano. Es difícil pensar, que este compacto músico hubiera compuesto en toda su vida una sola pieza, pero se puede suponer que los discípulos de Sojo, tiraron toda su obra a la basura, en un afán de elevar a su maestro y disminuir a Martucci al silencio, dejando a salvo por descuido o inadvertencia, un pequeño resto flotante del naufragio de ese maravilloso barco que ha debido ser la obra musical de Vicente Martucci, Maestro de grata memoria y a quien la historia de la música venezolana debe reservar el lugar que merece.”

.  .  .

Hugo Álvarez Pifano, musicólogo y crítico de música, especializado en la ópera y en temas musicales de Venezuela.

Vía | Literanova

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Publicado por

Isabel Camacho

Violinista profesional - Promuevo la obra del pintor venezolano Gregorio Camacho - Asistente de producción en skynotestudio.com

4 thoughts on “Vicente Martucci y la Orquesta Sinfónica de Venezuela”

  1. Soy ahijado de la sra Antonia Cosentino de Martucci era como mi abuelita frecuente tanto su casa la de Tienda Honda y la de Las mercedes en caja de agua a luneta. No pude ver esas fotos de anexo que menciona. Le llamabamos Mamá Antonia y mi madre era comi su hija.Yo soy hijo de Juanillo dueño otrora de el restaurante Las Quince letras.Ella sufriò mucho con Martucci aunque èl era un genio musical.Era muy mujeriego.Mi nombre es Antonio.
    Pd me gustarì me enviara las fotos del.anexo del reportaje de Martucci.Mil.gracias

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  2. Soy decendiente de vicente martucci ya que era abuelo de mi papa. El nos cuenta muchas muchas cosas de el y mi abuelo consertino. Mi papa esta vivo y tiene 84 anos. Nos sentimos orgullosos de ser desendiente de ellos. Y quosiera saber si hay mas. X ahi. Vivimos en caracas.

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  3. Buenas noches, estoy realizando una investigación sobre el maestro Vicente Martucci para mi tesis de maestría, me gustaría establecer contacto con quienes me puedan facilitar información sobre el maestro.

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  4. No poseo más información que la que aparece en el blog y que fue tomada del blog del musicólogo Hugo Alvarez Pifano. No sabría decirle donde más puede encontrar información. Espero lleve a feliz término su investigación.

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