Fotografiar o pintar, he ahí el dilema

Siempre he creído que todos venimos al mundo con una habilidad especial y que es nuestro deber encontrar para qué somos buenos y potenciar aún más esa habilidad. Tal vez algunos sean más aventureros que otros, algunos tienen habilidad para los números y otros para los deportes; no importa cual sea la actividad que quieras realizar hay algunos detalles importantes a la hora de escoger un hobbie o una profesión. Encontré este excelente artículo del fotógrafo Fernando Sánchez para los que les gustan las artes visuales y están indecisos entre si dedican a la pintura o a la fotografía. No incluí la foto que tiene el artículo originalmente porque me parece oportuno colocar en su lugar dos imágenes de Gregorio Camacho el cual se dedicaba a la pintura y a la fotografía por partes iguales utilizando ésta última como herramienta para sus creaciones al óleo sobre paisajes urbanos como el de la construcción de la Estación del Metro Chacaito en Caracas.

No hace mucho tiempo la pregunta que titula este artículo, ¿Fotografiar o pintar?, era una duda que tenían quienes querían preservar un momento único que pasaba frente a sus ojos. Hoy en día casi no tiene sentido, pues la gran mayoría apuesta por la cámara por su facilidad inmediatez y ahora con los teléfono inteligentes la capacidad de compartir el instante que capturamos a las redes sociales. A pesar de que la cantidad de personas que tienen la capacidad de hacer una fotografía sobrepasa considerablemente a los que pintan, no se pueden desvincular la una de la otra, sólo que ahora tienen fines distintos.

A continuación el artículo de Fernando Sánchez.

metro de caracas 88-2

“Los pintores han tenido siempre la obligación de representar la realidad tal como era. Los clásicos griegos y romanos alcanzaron la perfección en todas las bellas artes, desde la escultura hasta la pintura, desde la Victoria de Samotracia, por poner un ejemplo tardío hasta las inolvidables pinturas de El Fayum.  Después vino la noche de los tiempos, como gusta denominar a algunos la Edad Media de forma errónea, y se perdió el realismo en el arte (igual la religión tuvo algo que ver). En el Renacimiento, cuando empezó a aflorar el arte clásico en las excavaciones, se alcanzó el apogeo del realismo, y obras reconocidas por todo el mundo como La Gioconda de Leonardo da Vinci o El Moisés de Miguel Ángel, hacian confundir la realidad con la obra del artista. Una anécdota referente a la figura que presidiría la tumba del papa Julio II cuenta que Miguel Ángel le arrojó el cincel para forzar a la estatua a hablar.

Un buen artista era aquel que conseguía mostrar la realidad tal cual era. Pero con el paso de los siglos ese realismo se conviritó en la mayoría de los casos en una muestra de virtuosismo más que de arte. Para los grandes era poco menos que una limitación para expresarse. A los pintores se les pagaba para reproducir los objetos bellos o idealizar a las personas que posaban para ellos. Pocos o ninguno podían expresar sus sentimientos o su forma de ver las cosas con libertad. El único que se atrevió, después de toda una vida pintando a los reyes y a los nobles, a plasmar lo que sentía (y por ello fue tildado de loco) fue Francisco de Goya y Lucientes, que se atrevió con sus pinturas negras a expresar sus sentimientos.

Con el nacimiento de la fotografía en 1826 por obra y gracia de Nièpce y su presentación al mundo en 1839 de la mano de Daguerre, los pintores se vieron liberados del realismo y pudieron profundizar e investigar en sus forma de ver las cosas. Turner y los impresionistas que vendrían después debieron ver a la fotografía como su salvadora, pues les permitió crear una nueva forma de ver el mundo, sin tener que estar sujetos a una representación fiel de la realidad que les rodeaba.

El arte del siglo XX no sería igual si la fotografía no hubiera existido. De la misma forma, si la fotografía hubiera aparecido antes, nuestra historia sería otra. La fotografía tuvo la obligación, al principio, de ser un mero registro de la realidad, era un dispositivo que reproducía los objetos tal como eran para poder ser estudiados, sin la obligación de tener que estar en el mismo lugar. Y este hecho físico, que al principio se vio sólo como una ventaja, es el hecho difrenciador de la fotografía respecto a la pintura. La fotografía obliga a que el sujeto esté en el mismo lugar del objeto; la pintura, gracias a la plata (o ahora al silicio) puede surgir de la imaginación o del recuerdo. Yo puedo pintar la estatua de la Libertad sin haber estado en Nueva York, pero jamás la podré fotografíar sin coger el avión desde mi ciudad y desplazarme a la ciudad de los rascacielos. Salvo que haga trampas como hacer una foto de una foto o de una escultura.

Por eso no tiene sentido elegir una forma de expresión u otra. La pintura, gracias a la fotografía, es más libre que nunca, y no necesita la experiencia del lugar. La fotografía, entendida de manera pura, exige la presencia del yo en todo momento. Susan Sontag siempre habla del estigma del turista que solo hace fotos para enseñar a los demás que ha visitado o ha estado en tal sitio. Pero es que es algo que confirma a la fotografía como lo que es, el único arte que debe hacerse en el momento por el propio autor.

Si prefieres quedarte en casa, hazte pintor o escultor. El fotógrafo es quien viaja. Y es de lo más apasionante.”

Vía | altfoto.com

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Publicado por

Isabel Camacho

Violinista profesional | Promuevo la obra del pintor venezolano Gregorio Camacho | Asistente de producción en skynotestudio.com

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