Coleccionista de museos

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Hay quienes coleccionan estampillas, monedas, autógrafos, discos, libros, películas e historietas y artículos tan insólitos como bolsas de azúcar. Yo, siendo muy joven, coleccioné museos. Por supuesto no en el sentido literal, pero sí considero que cumplí con los requisitos para que mi visita a varios de los museos más importantes del mundo se pueda llamar una colección.

Los aficionados al coleccionismo tienen como principal objetivo poseer una serie de objetos movidos por su amor hacia lo que se colecciona. Además se añade la sensación placentera que se siente al añadir un nuevo objeto a su lista y ver como poco a poco se va avanzando en esa meta personal.

Si hay algún tipo de coleccionistas con los que me siento identificada es con los coleccionistas de arte; desde niña vi como un lienzo en blanco se volvía una obra de arte en el taller de mi papá y siempre disfrutaba viendo las obras famosos de los grandes maestros de la pintura en los libros de historia del arte. Pero yo tenía un sueño: quería verlos en persona, no a través de los libros.

Primero comencé con lo museos caraqueños. Fui un montón de veces al Museo de Bellas Artes, la Galería de Arte Nacional y el Museo de Arte Contemporáneo. Poco a poco fui incorporando nuevas metas y sin darme cuenta tenía una colección completa de los mejores museos del mundo en mi haber: el Museo del Prado, el Reina Sofía y el Thyssen-Bornemisza en Madrid; el L’ouvre y el Museo D’Orsay en Paris; el Museo Nacional Romano, los Museos Capitolinos y los Museos Vaticanos en Roma, el Hermitage y el Museo Arqueológico de Atenas, la Galería Ufizzi y la Galería de la Academia en Florencia; el Museo Británico en Londres.

Por esa época solía conversar con el ya fallecido experto en arte Willy Aranguren. Era una de las personas más preparadas en arte de Venezuela y conocedor tanto de las obras de talla mundial como del arte venezolano. Con cada viaje que hacía me decía que se sentía maravillado con el hecho de que yo, siendo tan joven, no desaproveché la oportunidad y visité los museos y vi las obras que él tan bien conocía pero que nunca pudo visitar. Me hablaba de como le encantaría ir a ver esos cuadros él mismo, no a través de los libros.

Uno no puede traerse nada de un museo excepto las postales de la tienda, fotos y recuerdos. Coleccionar museos es atesorar vivencias.

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Publicado por

Isabel Camacho

Violinista profesional | Promuevo la obra del pintor venezolano Gregorio Camacho | Asistente de producción en skynotestudio.com

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